Uno de los fenómenos que caracteriza la fruticultura actual es el acceso que tienen los fruticultores a nuevas variedades obtenidas en los distintos centros de investigación, tanto públicos como privados, que existen a nivel mundial. En este contexto, el cerezo no es una excepción y asistimos a una continua renovación de las variedades cultivadas.
Así, la mejora varietal en las últimas décadas ha sido muy importante, lo que ha redundado en una mejora de la producción.
Por otro lado, esta globalización hace que muchas de las características que preceden a una determinada variedad, no coincidan con los resultados obtenidos posteriormente en nuestras explotaciones ya que, entre otras cosas, las condiciones agroclimáticas pueden ser totalmente diferentes y condicionar estos resultados.
La introducción de una nueva variedad sin previamente haber constatado sus bondades y defectos, conlleva un alto riesgo, como así lo corrobora la experiencia de los últimos años, al haberse producido auténticos fracasos en la introducción de algunas variedades.
En este artículo, se describen los resultados obtenidos en la finca experimental de INTIA en Sartaguda con una nueva serie de variedades.