Navarra, por su particular historia y peculiar organización administrativa, ha conservado extensos territorios bajo titularidad pública para uso de la Comunidad a la que pertenecen. Sobre muchas de estas áreas se ha practicado desde tiempo inmemorial un pastoreo extensivo con razas de ganado autóctono, lo que ha permitido el desarrollo de explotaciones ganaderas locales que producen alimentos de calidad, generan actividad económica, asientan la población en el medio rural, conforman el paisaje, aprovechan unos recursos que de otro modo se perderían y mantienen una cultura ligada a la actividad ganadera de altísimo valor etnográfico (Iturriaga et al., 2009).
En los pastos montanos del área atlántica este manejo provoca una acumulación de materia orgánica y una cierta compactación en el horizonte superficial del suelo, lo que unido a las altas precipitaciones sólidas y líquidas habituales en estos entornos, dificulta la circulación de agua y aire en el perfil del suelo y ralentiza la mineralización de la materia orgánica. Asimismo, esa alta pluviometría provoca el lavado de cationes y la acidificación del horizonte superficial del suelo, dificultando la absorción de nutrientes por parte de las especies vegetales de los pastos.
INTIA ha realizado en los últimos años una serie de labores encaminadas a superar estas dificultades. En este artículo divulgamos sus resultados.
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